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La Pena de Tee'ira. Recuerdos.

El viento frio del norte soplaba, indicando la llegada del invierno. La noche se acercaba, haciendo el frio cada vez más intenso. Con extrema agilidad, entre las copas de los árboles, una figura femenina se movía velozmente con dirección sur. Luego de unos metros, la mujer se detuvo. Tee’ira, una habitante de Ganh-Saleth, se encontraba apoyada sobre la rama de un árbol muy particular, por lo menos para ella. El silbido del viento y el penetrante frio, no rompía la concentración de la bella mujer, mientras observaba fijamente hacia un lugar especifico.

- “5 años Su’kui” - suspiró la joven dirigiéndose a un mapache, el cual se había posado unos cuantos centímetros por delante de ella tras bajarse de su hombro - “lo extraño tanto…”

El pequeño animal, mascota leal de Tee’ira, un mapache azul, la observo detenidamente, con sus profundos ojos negros. Notaba la pena en la mirada de su ama, y se sentía apenado a causa de eso. El pelaje del animal se movia casi al unisono con la cabellera de Tee’ira, a causa del viento, que a cada segundo soplaba mas frio; pero tanto al animal como a la ama le tenia sin cuidado.

Unos instantes después, Tee’ira comenzó a moverse y a descender grácilmente por entre las ramas, hasta llegar a una altura de aproximadamente unos 20 metros del suelo. A esa altura, los árboles de Halta poseen muy pocas ramas, y la mayoría son frágiles; pero en aquel lugar la imagen era distinta. En ese árbol en particular, varias ramas se encuentran cruzadas unas con otras. Estando en aquel lugar, es imposible poder apreciar el capricho de la naturaleza, pero desde aquel lugar que minutos atrás ocupaba Tee’ira el panorama es distinto. Desde el tronco del gran árbol dos grandes y poco comunes ramas sobresalen, formando un arco a cada lado, terminando en varias ramas más pequeñas, cruzándose las de un lado con el otro (cruzándose entre ellas de un lado al otro); asombrosamente dando la impresión de dos grandes brazos entrelazando sus dedos.

Tee’ira acariciaba gentilmente aquellas ramas.

- “Se que tu también lo extrañas, madre…”

Entre los diversos pensamientos que por la mente de Tee’ira pasaban, un recuerdo en particular sobresalía. Aquel momento hacía ya 10 años, cuando ella y su hermano menor, paseaban jugueteando entre las ramas por aquel sector. De pronto Shim’ko, la mascota de su hermano menor, se puso a fastidiar a un grupo de micos que comían por allí, y los comenzaron a perseguir. Mientras ellos huían riéndose de la situación, el hermano menor de Tee’ira tropezó, aún poco experto para moverse rápidamente. Al caer, Tee’ira alcanzó a sujetarlo, pero el peso del muchacho la arrastró en una caída, que para Tee’ira, conocedora ya de las tradiciones de su pueblo, significaría la muerte, y no por el golpe si no por cosas peores.

Sin embargo, y para sorpresa de Tee’ira, su caída fue detenida por aquellas mismas ramas de particular forma. El hermano, sufrió un golpe en la cabeza y perdió el conocimiento, Tee’ira en cambio quedo atontada. Para ella quizás fueron unos segundos hasta que reaccionó, pero al escuchar voces debajo de ella pudo entender que había pasado más tiempo del que ella pensaba. Los sonidos que escuchaban no eran voces normales, eras voces casi animales. En su mente supo inmediatamente el peligro que corrían; eran hobgoblins, sirvientes de los Fairfolks.

Tee’ira pudo tan solo abrazar fuertemente a su hermano, que aun estaba inconsciente, y rezar por no ser descubiertos. Los horribles seres habían formado un campamento allí, justo debajo de ellos, pero no los habían visto. Paso toda una noche, larga como ninguna otra en la vida de Tee’ira. De pronto el hermano despertó, y ella rápidamente le tapó la boca mientras le susurraba que no hiciera bulla. Pronto el muchacho se quedo dormido, acurrucado entre los brazos de su hermana. Tee’ira no durmió ni un segundo.

Ya había amanecido y unas horas después el campamento se levantó (había sido levantado). Sólo cuando Tee’ira estuvo segura que las malditas bestias se habían alejado, se dejó caer en un sueño pesado por el cansancio. Lo que nunca olvidaría, en los últimos instantes antes de dormirse, juró haber escuchado una dulce voz que le dijo: “Siempre los protegeré, aun cuando no me vean… hija mía”

La madre de Tee’ira había muerto dos años después del nacimiento de su hermano menor.

Desde entonces, tanto para Tee’ira como para su hermano, aquel árbol que los cobijó, protegió y ocultó aquella noche, paso a ser especial… era como la representación de la madre que alguna vez perdieron.

Hoy hacia ya 5 años, Tee’ira perdió otro ser querido, su hermano desapareció en el bosque y nunca más volvió.

- “Naa’il, te extraño tanto” – susurró la muchacha, mientras una lágrima empezaba a recorrer su mejilla.

El frio se hacía cada vez mas intenso, y el mapache subió al hombro de Tee’ira. Ella comprendió lo que el pequeño animal le quería decir. Era hora de volver a casa.

- “Adiós madre…” – dijo, mientras besaba una de las pocas hojas que quedaban en una de las ramas.

Pronto emprendió su viaje de regreso a su pueblo, saltando tan ágilmente como lo hiciera en su camino de venida. Pronto con la caída del sol y los últimos rayos iluminando el bosque, la figura de Tee’ira, se perdió en el horizonte. De pronto una figura entre las sombras cayó en el mismo lugar en el que estuvo Tee’ira unos pocos segundos atrás.

- “También te extraño, querida hermana” - Murmuró, mientras observaba fijamente en la dirección por donde Tee'ira desapareció.

  • bien!!!! -- virgiman (2008-03-07 15:03:18)

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