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Iluminado por el magma

Semblante del Juicio Benevolente Zodd cumple con su pacto

Pasos presurosos y respiración agitada se escuchaba al pie de las montañas. El volcán rugía mientras humo denso y oscuro tapaba el cielo azul violeta del atardecer. Una tormenta parecía formarse de a poco en tierras hacia el este, donde el aliento del volcán se vuelve uno sólo con las nubes. La base de la cordillera empezaba a temblar mientras un guerrero a pie descalzo subía paso por paso, entendiendo que el tiempo de descanso para la creación se había terminado. El exilio de aquellos que una vez brillaron como el sol se estaba disipando y los guerreros dorados regresarían a tomar lo que una vez fue suyo. Al entrar a la caverna iluminada entre rojo y naranja, Zodd el inmortal admiraba los alrededores y los diversos caminos a tomar. Muchos años, quizás vidas enteras habían pasado para que el gran guerrero regrese a este lugar inaccesible. Su memoria aun así era clara, no se perdería en el pequeño laberinto natural de roca. Su intuición lo guiaba, le indicaba por donde avanzar. La temperatura era insoportable para un ser común. Su respiración se complicaba gracias a los gases del volcán mientras se adentraba más y más. Su sudor de a poco le entorpecía la visión. Sin embargo, gracias el brillo plateado en su frente y en sus marcas corporales, junto a lo que parecían ser partículas plateadas encendidas que se desprendían de todo su cuerpo, Zodd lograba controlar los malestares y sentirse con mucha más calma en ese lugar tan hostil. De repente, al girar una vez más por los caminos de piedra oscura, el borde del precipicio central esperaba a pocos pasos. El gran área tenía mucha más iluminación que el resto del camino. Así mismo, la temperatura y los gases eran más intensos. Zodd se acercó al filo y bajó la cabeza para admirar por un instante el fluido incandescente. Luego miró hacia el frente y cruzando la abertura principal distinguió lo que buscaba. Había una pequeña saliente de piedra en el muro opuesto, al parecer sin camino alguno que llevara hacia ella. Sobre la gran piedra, incrustada en el muro del volcán, se veía algo reflejar los colores de su alrededor. No era claro que era, cualquier persona no lo hubiera notado, pero Zodd sabía exactamente lo que buscaba. Sin dudarlo, empezó a desprenderse de su figura humana para vestir la piel de un ser sin igual. Mientras crecía de tamaño y pelo oscuro recubría todo su ser, se podía escuchar como sus huesos empezaban a crujir para cambiar de forma y posición para finalmente revelar su nueva apariencia. Los dedos de sus pies se fusionaban para formar lo que parecería una pezuña, sus uñas en las manos crecían para transformarse en garras. Zodd emitía un sonido extraño que parecía de dolor, era una mezcla entre un gran mugido, un aullido y algo más. De su cabeza empezaron a salir cuernos semejantes a las de un carnero y de su espalda alas de murciélago capaces de sostenerlo en vuelo. Era un ser imponente, de una presencia aplastante y una apariencia que seguramente inspiraba terror hasta en los mortales más valientes. Terminado el cambio, Zodd desplegó sus nuevas alas y con un gran impulso de sus piernas dio un salto hacia arriba y adelante. En el aire batía sus alas mientras cruzaba la boca del volcán, para finalmente apoyarse en la piedra grande al otro lado del lago de magma. Al llegar vio incrustado en la pared el mango de una gran espada dorada. Toda la hoja estaba enterrada en el muro. Lo único que se veía claro era un mango más largo de lo usual. Cabían con facilidad cinco o seis palmos humanos. Zodd levantó las manos, plantó bien sus pezuñas y de a poco los músculos de sus brazos y piernas se hincharon. La definición de sus músculos era impresionante, llenas de venas brotadas a punto de estallar. Colocó sus enormes manos sobre el mango dorado. Se escuchó como su piel quería quemarse al tocarla y algo como vapor salía de entre sus dedos mientras empezó a halar. Emitía sonidos, quizás quejidos, que denotaban su esfuerzo. Sus brazos se tensionaban, sus muslos apretaban sus pezuñas hacia el muro. Debajo, pequeñas chispas de piedra se desprendían y caían a la lava. El brillo plateado a su alrededor se mezclaba con los colores del ambiente y finalmente la hoja de la gran espada dorada salía de a poco de su prisión de piedra. Con un grito de victoria muy propio del inmortal, emprendió la salida del volcán por la parte superior cargando lo que buscaba. Semblante del Juicio Benevolente había sido liberado al fin. La espada más grande creada para un hijo del sol luciría su esplendor en la creación una vez más. Mientras volaba hacia la base de la montaña, a su espalda el volcán iniciaba su quejido y empezaba a erupcionar. Humo, piedra y magma surgía hacia los cielos de manera repentina y sin razón clara. Sujetando firmemente la gran espada sin filo en sus manos, Zodd sonrió. “Veamos si esta vez las cosas te salen mejor… espero ver esta arma terminada… es momento para que el juez pase a ser verdugo… Gutts… espero estés listo.”


Exalted!!!