El cielo estaba cubierto por densas nubes enrojecidas. Una ligera garua bañaba la cicatrizadas tierra, limpiando la sangre que la tiñe. Arbustos y árboles deshojados pablan el panorama, como esqueletos en un campo de muerte. Sobre sus agrietadas llamas, cuervos reposan, mientras esperan la oportunidad de deleitarse en un festín de carroña. Repentinamente un relámpago ilumina la noche y la silueta de miles de cadáveres se evidencia sobre las faldas de la colina y el campo que le envuelve. Nadie se mueve ahora en este lugar de muerte, solo los cuervos que empiezan a bajar sobre los muertos cantando un deprimente réquiem para los caídos, y el.
Su mirada es borrosa mientras se acostumbra a la tenue luz que penetra las densas nubes. La lluvia lo moja y puede como la sangre que cubre su cuerpo poco a poco se corre hacia la tierra. Terror lo invade cuando su mente sale del entumecido estado en que se encontraba y se da cuenta de la matanza a su alrededor. ¿Quién habrá hecho? piensa mientras la ligera garua se transforma en lluvia, el agua surcando su rostro hasta el mentón antes de caer. Y en ese momento lo siente, detrás de él quien sabe cuánto tiempo ha estado ahí, acechándolo. Se siente totalmente vulnerable, la presencia es tan abrumadora y poderosa. Se siente perdido, un mínimo movimiento y estará sobre él. ¿Qué hago? Se pregunta, cada vez más desesperado. El miedo lo domina y decide correr, pero sin siquiera levantar el pie, como si hubiera leído sus intenciones observo, disparo hacia él, pasándolo como una centella interponiéndose en su camino. Por un breve segundo pudo observarlo: Alto y fornido con una cabellera larga y suelta, tan imponente que se le volvía imposible mirarlo a los ojos; y con un solo movimiento el hombre levanto su puño que lo dirigió directamente hacia su abdomen, con tal fuerza que seguro lo mataría.
Salto reflexivamente hacia atrás para evitar el golpe, aunque sabía que no lo lograría, y casi cae de la cama al hacerlo. Se encontraba sentado, cubierto con una ligera sabana de lino, su cuerpo brillante por el sudor frio y su respiración exasperada. Era el tercer sueño esta semana, habían empezado hace unos meses y cada vez era más frecuente, la anciana del pueblo, Gaviota Mansa, dijo que no era nada serio, pero que debían estar atento pues los Dioses le estaban advirtiendo algo sobre su futuro. Miro por la ventana, y no podía ver ni el resplandor del amanecer todavía, aunque el sabía que estaba próximo a amanecer. No sabía cómo, simplemente lo sabía y miro a las estrellas para confirmarlo. Saturno estaba ya descendiendo lo que marcaba la llegada próxima del alba.
Lavo su cara con agua de una lavacara y prosiguió a vestirse: un pantalón café a media pierna con botas y un chaleco, ropa cómoda y practica para un pescador, y empezó su recorrido. SI empezaba ahora, terminaría sus ejercicios justo entrada al alba, antes de salir en los botes a la pesca matutina. Después de eso podría ir a ver a Perla o a entrenar con el Sifu. Debía entrenar todo lo posible si quería ganar el Torneo de Artes Marciales del Mar este año. Era un tiro al aire, nadie lo ha ganado en su primera intervención, pero él se sentía seguro de sí mismo, su habilidad había mejorado rápidamente este ultimo año, después de ganar el torneo local.
El medio día llego mas rápido de lo que se esperaba y se encontraba ya bajando los cestos de pescados de los botes, llevando las ultimas canastas hasta el depósito, conversando y riéndose con sus amigos, hasta que escucho a Amada, la hija del carpintero, pidiendo acomedidamente que la dejen proseguir con sus quehaceres. Pero los guerreros imperiales la rodeaban y acosaban, como lobos con su presa burlándose de su temor. Inmediatamente la cara de Kalan cambio de alegría a determinación y enojo. Desde que llegaron hace unas semanas los soldados habían molestado a los aldeanos y abusaban de la hospitalidad que los lugareños, forzosamente les otorgaba. Pero esto era demasiado. Todos en el muelle miraban a los legionarios con desprecio y hacían comentarios despectivos sobre ellos, pero nadie se armaba de valor para hacer algo al respecto. Kalan, lleno de determinación, dejo a un lado el cesto lleno del fruto de la pesca del día y se dirigió hacia los soldados.
“Por favor no vallas.” dijo una voz cama y armoniosa detrás de él, una voz que por breves momentos regreso la paz a su corazón, hasta que recordó lo que debía hacer. Se voltio y contesto, “¿como me puedes pedir que no haga nada, Perla? Ella está en problemas, alguien debe parárseles a esos soldados.”
“Solo te meterás en problemas, y quizás hasta te maten en el momento”
“No pueden hacer eso, si muero la aldea se levantara contra ellos y causaran un escándalo.”
“Por favor, Kalan. Te lo ruego. ¡No vayas!”
Se acerco hacia ella y la tomo en sus brazos, susurrándole al oído “lo siento.” Y se voltio dirigiéndose hacia el circulo de hombres armados y su presa. Estando ya a unos pasos de ellos y tragándose su orgullo comento en una voz amable:
“Disculpen caballeros, la señorita tiene que seguir con sus quehaceres, ¿serian tan amables de permitírselo?”
“¿Por qué no te vas a seguir cargando pescado y dejas de molestar?” dijo un hombre grande y marcado por la guerra que prosiguió a empujarlo.
Kalan cerro sus ojos, respiro profundo y lo intento por segunda ocasión. “Por favor señores, permítanle a la joven seguir con su trabajo, estoy seguro que ustedes también tienen trabajo que hacer”
El gran soldado se dio la vuelta una vez más agarro a Kalan por el cuello de su chaleco y lo jalo muy cerca de él, diciéndole “Deja de joder, si quieres salir vivo de esta” luego lo escupió despectivamente en el rostro y lo empujo fuertemente, haciéndolo retroceder unos 3 pasos.
Frunciendo el seño y con firme y determinada el insistió “Dejenla en paz…”
“¿O sino qué?” regurgito el legionario claramente enojado por la interrupción. Sus compañeros desviaron la mirada de la joven y empezaron a rodear los dos seres inmersos en el argumento. “¿vas a pegarnos?, ¿a sacarnos de tu islita?” repetía el guerrero mientras empujaba al joven isleño, hasta que cayó en la sesta llena de pescados que el mismo había estado cargando. Los soldados imperiales se burlaban de él y sus compatriotas se avergonzaban del trato que estaba recibiendo por proteger a uno de los suyos.
Cuando los legionarios regresaban a seguir sus insinuaciones hacia Amada, quien se encontraba agachada recogiendo los utensilios que ellos le habian hecho botar, dos grandes isleños se pararon como barrera entre la joven y los soldados. “¿que sucede?”, dijo uno de ellos, “¿ustedes también quieren pescado?” y conecto una patada en el estomago de uno de ellos. Más y más pescadores se acercaban y cada vez eran golpeados por los guerreros del imperio.
El gran guerrero imperial sentía como la paciencia se le escapaba como arena en una coladera. Y sin pensarlo dos veces desenfundo su espada y tomo a la joven Amada. “¿por esta niñita hacen tanto problema?” dijo el vociferando mientras la joven lloraba sin parar. “Entonces aquí la tienen” grito una vez mas mientras levantaba su espada aun mas para darle momento al golpe. Pero en vez de bajar para dar el golpe, su brazo era detenido por una gran fuerza detrás de él, al virarse a ver de qué se trataba, se encontró con Kalan, totalmente erguido y sosteniendo su brazo con gran fuerza.
“¿que crees que estás haciendo?” dijo el soldado antes de ser lanzado hacia atrás y caer al piso tumbando los pescados del canasto.
Otros soldados desenvainaron sus armas y corrieron hacia él, tratando de detenerlo, pero el gran isleño seguía parado y firme, evadiendo sus ataques y tumbándolos también. Uno tras otro los soldados lo atacaban y cada vez que lo hacían Kalan los neutralizaba y alejaba.
Al poco tiempo una voz retumbante se escucho desde la dirección del bar local. “Alto” exhalo la voz de manera definitiva e inmediatamente todos se detuvieron y voltearon a ver que sucedía. En puerta de la taberna un hombre cubierto con una coraza de jade rojo. Su postura llena de nobleza exhalaba autoridad con cada paso que este daba. Los soldados se alejaron y formaron en escuadra perfecta, aunque sucia por la golpiza que estaban recibiendo y el Vástago los observaba despectivamente mientras pasaba a su lado.
“No puedo tolerar un comportamiento así de mis hombres, por lo que serán amonestados por sus acciones” dijo él y casi en el mismo instante todos los presentes se tranquilizaron, un suspiro casi al unisonó se escapaba de su pecho.
“Sin Embargo”, Prosiguió, haciendo una pausa para aumentar la tensión “no puedo permitir lo sucedido, se deben seguir los correctos medio de queja y dirigirse a mi cuando mis hombres se comportan mal. Y por eso, una lección debe ser transmitida.”
Los occidentales, perplejos por el comentario, se miraban el uno al otro, sin saber qué es lo que el Vástago de Fuego planeaba hasta que este se viro hacia kalan y toma una postura de montura muy baja, con sus manos en puños, brazos paralelos a la altura del diafragma.
Kalan demoro unos segundos en darse cuenta que estaba pasando. No podía luchar contra un vástago del dragón, estaba fuera de su alcance. Si pelease siquiera con la mitad de la habilidad del sifu ya seria inalcanzable para él.
Entonces, con velocidad inhumana, como el disparo de un cañón de polvofuego, el draconico gurrero se abalanzó sobre él, evitándolo únicamente en el último instante y perdiendo el balance al hacerlo. El dragón cayó a unos 4 pasos de él, y se voltio con una patada de giro que tampoco conecto con Kalan, quien se agacho en el momento indicado. Una lluvia de puños bien dirigidos continúo el asalto sobre el isleño, quien retrocedía mientras trataba de bloquearlos todos.
“¿Qué estas esperando? ¡Atácame!” grito el oficial imperial mientras su último golpe, un gancho que subía desde la posición de descanso al costado de su riñón conecto directamente con el mentón de Kalan, mandándolo levantándolo en vuelo.
“¿Eso es todo lo que tienes?” mofándose de él, antes de dirigirse a sus hombres y decirles “¿eso era lo que los estaba molestando?”
Kalan, recuperando su fuerza, se levanto. Su mentón dolía y no sabía como vencería al dragón, estaba enojado, su orgullo por el piso. El Vástago de Heriesh corrió hacia él, su puño formado y listo para atacar. Kalan lleno de furia, preparo su propio puño y lo lanzo hacia el vástago, pero este, mas rápido que el, lo evadió con facilidad y termino a su espalda aplicando un candado sobre su brazo izquierdo que lo inmovilizaba, candado que luego uso para blandirlo como un mazo, haciéndolo golpearse contra las paredes y hundiéndolo en pescado mientras se reía a carcajadas.
Kalan no lo toleraba mas, no podía permitir que siguieran humillándolo así y pese a su impotencia lucho una vez más para soltarse.
El vástago del dragón se encontraba deleitándose en su combate, como un gato jugando con su presa antes de comérsela. Sus carcajadas cada vez inundaban mas el muelle mientras miraba a los isleños sufriendo por su compatriota. Y súbitamente sintió como su agarre fallaba mientras la musculatura del isleño se volvía más densa debajo de su agarre. Un leve resplandor dorado golpeo su rostro, resplandor que provenía del luchador occidental se erguía cada vez más. Con la velocidad de la luz revirtió el agarre, enganchando el cuello del Vástago dentro de su enorme brazo, antes de lanzarlo hacia los peces. El dragón carmesí se levanto tan rápido como podía, y al hacerlo el resplandor del joven era aun mayor, lo envolvía como una bola de fuego que levemente tomaba la forma de una jauría de lobos salvajes que aullaban esperando el momento de la cacería, y en su frente descansaba la silueta de un sol en su esplendor mañanero, con ocho rayos emitidos hacia cada extremo de la creación. El dragón asustado ataco una vez más, pero esta vez fue demasiado lento. Para el momento que el golpe llego a donde el anatema se encontraba este ya no estaba ahí.
El dragón desenfundo sus hachas y ataco con ellas al hijo del sol que se encontraba frente a él. Grandes arcos de fuego brotaban de las hachas con cada ataque, formando un remolino de fuego que revoloteaba a su alrededor, pero pese a sus mejores intentos, el anatema evadía sin problema cada ataque, disfrutando cada punto de esencia que lo hacía gastar. Repentinamente, el demonio se abalanzo sobre su ataque, como si quisiera morir o burlarse al mostrarse invulnerable, pero su mano bloqueo el ataque, justo sobre su muñeca lo que lo forzó a soltar su hacha, que voló hasta clavarse en un choza cercana. Inmediatamente el dragón ataco velozmente con su otra hacha, pero era exactamente lo que el demonio quería. Tomándolo de la mano, guio el arco del hacha hasta que su mismo brazo estaba ejerciendo un candado en su cuello y en el momento previo a que el vástago perdiera su conocimiento, el solar susurro algo a su oído que nadie más pudo escuchar.
Luego soltó el agarre, dejándolo caer. Miro a su alrededor, la mayoría de las personas habían huido y otros cuantos lo miraban con horror mientras algunos trataban de apagar el fuego generado por las hachas del vástago. A lo lejos las legiones se movían ya, los exaltados draconicos preparando sus fuerzas para cazar al anatema que azotaba esta isla.
En ese momento, Kalan se dio cuenta que debía partir. Miro a su alrededor, dándole una última mirada a la villa donde había vivido toda su vida; Perla se encontraba ahí, mirándolo horrorizada. Kalan bajo la mirada, se dirigió al mar y nado hasta que ya no podía ver la isla detrás suyo, ni su isla ni ninguna otra.
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